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Seminario abordó emergencias con una mirada desde la salud pública

Al hablar de emergencias y desastres, inmediatamente, se piensa en rescate de personas, daños materiales, albergues y ayuda física. Muchas veces organismos, autoridades y voluntarios se movilizan en gran número hasta estos lugares, sin considerar la información que las instituciones locales, incluidas aquellas vinculadas con la salud, disponen y que puede ser de utilidad para responder adecuadamente ante una catástrofe.

Lo anterior, fue parte del contenido que abordó el primer curso “Emergencias y desastres, una mirada desde la salud pública”, organizado por la carrera de Medicina, y dictado por los psicólogos Christian Ramonda y Álvaro Jiménez.

Christian Ramonda explicó que la cultura de trabajo en emergencias y desastres se caracteriza por ser de respuesta reactiva y no se genera una coordinación previa, anticipación ni menos preparación.

“La mayor respuesta en salud debe venir desde los centros de atención primaria y de las organizaciones de base que conocen la realidad local y, por tanto, ante una emergencia, tendrán información clara y fidedigna para plantear las necesidades que puedan surgir. Luego, esa información debe estar disponible para decisiones gubernamentales o de autoridades nacionales según sea el caso”, comentó.

Mientras que el psicólogo Álvaro Jiménez agregó que la salud de las personas no es episódica, debe haber continuidad, por ello es importante que la respuesta surja desde la red de atención primaria de salud. “La red considera la salud de las personas desde una concepción amplia. La atención primaria es la puerta de entrada y en la cual se construye la salud de las personas”, indicó.

Para el profesional la emergencia no debe ser sinónimo de poca rigurosidad. Se debe intervenir en base a la realidad local, por lo que puso énfasis en la realización de diagnósticos. Gran parte de esa información está disponible en los establecimientos de atención primaria previo a la emergencia.

La base de todo

A modo de recomendación, es necesario: prepararse, intervenir tempranamente, planificar acciones a mediano y largo plazo, incorporar una mirada comunitaria, preocuparse también de los equipos, voluntarios y autoridades.

“El principal error tiene que ver con la falta de preparación. Ésta involucra, planificar acciones, capacitar, realizar simulacros, disponer de medios necesarios, tener canales establecidos de registro, haber preparado a la comunidad. Cuando fallan muchas cosas no sólo tiene que ver con lo inesperado sino que muchas veces lo planificado no ha sido entrenado con anterioridad. La preparación es clave y es el gran error en que se cae”, enfatizó Jiménez.

Una de las asistentes, Carla Estay, estudiante de Enfermería, manifestó que si bien las emergencias son impredecibles, podemos ver de qué manera abordarla y aportar sin ser un estorbo. “Hay mucho desconocimiento aún y se generan varios errores ante esas situaciones”.

Por su parte, Pablo Romero, inspector del Servicio Agrícola Ganadero y miembro del comité paritario, consideró necesario participar del curso para prepararse mejor ante una emergencia. “Pienso que hay un abandono muy grande tras una emergencia o desastre”.